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dialogo tónico y construcción identidad. Cori Camps

Revista Iberoamericana de psicomotricidad y técnicas corporales. nº 25

clases abiertas de adaptación Montse Castellà

cuadernos de pedagogía 431

psicomotricidad como propuesta de intervención educativa Miguel LLorca

revista entre líneas nº 14

la intervención psicomotriz una forma de acompañar Josep Rota

revista entre líneas nº 29

Decálogo del Niño (por el Lic. Daniel Calmels)

  • cuando un niño se tira no quiere decir que se caiga
  • cuando un niño choca no quiere decir que empuja
  • cuando un niño golpea no quiere decir que lastime
  • si un niño se mueve no quiere decir que sea activo
  • cuando un niño se muestra activo no quiere decir que sea interactivo
  • cuando un niño hace silencio no quiere decir que se calle
  • cuando un niño sueña no está distraído
  • cuando un niño se inmoviliza no quiere decir que esté quieto
  • cuando un niño está solo no quiere decir que esté aislado.
  • cuando un niño se esconde pide una mirada suave
  • cuando un niño consiente no quiere decir que acuerde
  • cuando un niño ríe no quiere decir que está contento.
  • cuando un niño se asombra no quiere decir que está asustado
  • cuando un niño pregunta no quiere decir que no sepa
  • cuando un niño transgrede no quiere decir que se equivoca
  • cuando un niño se equivoca no es un acto de ignorancia
  • cuando el tiempo concluye no quiere decir que el niño termina
  • cuando un niño dice que no, …quiere decir que dice que no.

 

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RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte

V.4, Nº 12 – Año: 2008

André Lapierre: De la Reeducación Física a la Psicomotricidad Relacional

Quando en 1976, durante una conferencia dictada en el INCIE, le conocí personalmente, me sorprendió que no hiciera referencia a ciertos contenidos recogidos en su amplio y profundo tratado de “La Reeducación Física”, libro por el que le conocíamos, que habíamos estudiado y en cierta manera aplicado en nuestro trabajo cotidiano, sino que habló de otra cosa, de algo novedoso e interesante, la psicomotricidad, y de manera tan convincente, que desde aquel mismo instante decidí enrolarme en esa nueva visión de la Educación Física, que podría, tal vez, servirnos de norte en aquella confusa y desesperanzadora época en que vivíamos.

André Lapierre terminó sus estudios en la École Normale Supérieur de Éducation Physique de París en 1947 y ejerció varios años como profesor en Liceos. Sus apuntes de estudiante, a semejanza de Julián Marías con su Historia de la Filosofía (30 ediciones), los convirtió en su primer libro, La Rééducation Physique, 1ª edición en 1951, 3 volúmenes y cerca de 1000 páginas, en el que desarrolla, tanto la teoría: Cinesiología, como la práctica: Kinesiterapia, con numerosísimos ejercicios. La primera edición en castellano es de 1968 en Dossat 2000, y como ha ocurrido en Francia e Italia, ha llegado a la 6ª edición (1996). A continuación ejerce durante 15 años como Kinesiterapéuta (palabra que no recogía el DRAE) con gran éxito en vertebroterapia. Paralelamente dirige centros de Reeducación Física y Educación Física Especial, durante casi 30 años, (1950-1978) actúa como Secretario de Asociaciones Profesionales y finalmente funda y preside (1968-1976) la Sociedad Francesa de Educación y Reeducación Psicomotriz, al término de la cual iniciará una nueva etapa científica de la que vendríamos a participar nosotros.

Como es sabido, Francia es el país de la Lógica y de la norma, por ello los profesionales de la actividad física no es extraño que estén muy polarizados: “communards au versaillais” o trabajan con el “débil” o con el “campeón”. Lapierre siempre estuvo con el débil. Durante veinte años de su ejercicio profesional dedicó todo su esfuerzo a la reeducación mecánica, al masaje, a la manipulación y rehabilitación vertebral, en línea con lo expuesto en su libro. Se mostró en contra de las imposiciones de la Inspección, de Seurin, Tissié y sobre todo del método oficial Mérand, mientras elaboraba su propio método.

A partir de Ajuriaguerra, Guillmain, etc. en la década de los 60, surge en Francia, un movimiento renovador de la educación física en torno a la psicomotricidad, como solución a las carencias y limitaciones de los escolares, que simultáneamente se abre camino en tres direcciones, impulsadas por tres antiguos compañeros de estudios, no bien avenidos y que nosotros pudimos reunir en las primeras Jornadas Internacionales de Psicomotricidad celebradas en Madrid en marzo de 1980: Pierre Vayer, Jean Le Boulch y André Lapierre, durante las cuales pudimos recibir de primera voz lo esencial así como las diferencias existentes en sus concepciones psicomotrices denominadas respectivamente: “balance psicomotor”, “psicocinética” y “educación vivenciada”. Fue una suerte para el desarrollo de esta corriente, más o menos racional y operativa, la estrecha colaboración de Lapierre con Aucouturier, pues Bernard, más joven, se había iniciado ya directamente en la reeducación psicomotriz y aportaba a la reflexión teórica un amplio conjunto de experiencias prácticas que ambos supieron sintetizar en los tres volúmenes de la Éducation vécue publicados entre 1973 – 1974, vertidos casi de inmediato al castellano por la editorial Científico Médica en 1977.

Bajo el rótulo de Educación Vivenciada se agrupaban: (1) Los contrastes. (2) Asociaciones de contrastes, estructuras y ritmos. (3) Los matices. Con el soporte de la epistemología genéticade Piaget y el contacto pedagógico diario con niños, aportaron una manera de superación de laescuela tradicional que, ante cualquier anomalía, rápidamente encasilla a los alumnos comodisléxicos, disgráficos o discalcúlicos, débiles mentales, o deficientes, y a todos los trata comonormales, mediante la transmisión de unos conocimientos detentados por el adulto que el niñodebe aprender y que sólo “cuando el niño ha tropezado, por ejemplo, en el aprendizaje escrito(lectura-escritura), es cuando se pone de relieve su falta, su carencia y nos lo envían parareeducar”. Pues no, dicen los autores de la Educación Vivenciada, lo que hay que hacer essuperar esta educación tradicional, “para, a partir de la vivencia motriz, mediante eldescubrimiento progresivo de las nociones perceptivas fundamentales, con múltiplescombinaciones de la expresión motriz y verbal, ascender hacia la abstracción, no como algoimpuesto desde fuera al niño, sino como una construcción de su espíritu con el de los demás”.

Lapierre y Aucouturier, observadores meticulosos, confirman el paralelismo conductual de los adultos con los niños e integran en su teoría un nuevo capítulo del comportamiento motriz, el simbolismo como expresión corporal, no ya de las estructuras fundamentales de los aprendizajes, sino de las pulsiones inconscientes que emergen del propio cuerpo e invisten el espacio y la realidad de nuestra vida. La concreción de estas nuevas ideas se plasma en La symbologie du mouvement, editado en 1975 y en castellano por la Científico Médica en 1977.

La práctica de Lapierre como la de Aucouturier, que empiezan a tener ciertas diferencias, se dirige cada vez más a los más pequeños, a los niños de guarderías y de las escuelas maternales, o a niños necesitados de una terapia.

Síntesis de otros trabajos anteriores ya publicados es L’Éducation psychomotrice a la l’ecole maternnel 1975, editada en castellano por Científico Médica en 1981, y especialmente conAucouturier: Bruno: psychomotricité et thérapie, 1976. El paso estaba dado, el compromiso deLapierre siempre con la verdad emergente de la práctica espontánea y directa de ese cuerpoque no miente, expresión de lo más profundo del ser, le lleva a no detenerse en lo escolar, enlo terapéutico, sino a ahondar en la problemática del ser humano, dejando atrás a Piaget, seintroduce cada vez más en el inconsciente y en el Psicoanálisis, sus citas a partir de ahoraserán de Winnicot y de Freud. Fruto de esta etapa de práctica y reflexión es la obra en colaboración con Aucouturier, por cierto, la última: Fantasmes corporels et pratique psychomotrice en éducation et thérapie la “manque au corps” (1982) que sólo en ciertos párrafos y capítulos mantiene su correspondencia con la supuesta traducción al castellano bajo el título: “El cuerpo y el inconsciente en educación y terapia”, (1980) (sic). Habrá que hacer una revisión con el manuscrito original que yo dispongo, para aclarar esa discordancia, porque André solía escribir sus ideas a mano, como la casa que se construyó con sus propias manos en Gap.

La nueva y última etapa de su teoría y práctica se acoge a un nuevo denominado: Psicomotricidad relacional. La correspondencia entre la expresión espontánea del niño muy pequeño y la regresión creadora del adulto, se va plasmando en una serie de pequeñas publicaciones que van tomando forma de libro en colaboración con Anne Lapierre, “El adulto frente al niño de 0 a 3 años” (1982) y con ciertas ampliaciones, en una segunda edición más completa, “El adulto frente al niño de 0 a 3 años, relación psicomotriz y formación de la personalidad, una experiencia vivida en la guardería”, (1997) editorial Dossat 2000. En esa época se encuentra en el dintel de entrada al Psicoanálisis, pues la analogía que observa y constata entre los “recuerdos no fechados y eternamente presentes” de los adultos y las escenas primarias vividas o no, durante la infancia, convierten a la regresión, mediante el juego espontáneo, en el método para revivir los conflictos inconscientes subyacentes a los comportamientos de la vida real. “Lo que se ha vivido se sobrepone a lo que se está viviendo” y lo que André ve en las guarderías, similar a lo que observa en los adultos en las salas de los cursos, en vez de amilanarle, se convierte en el estímulo para aceptar aún más, el riesgo de la investigación. El paso siguiente en su teoría-práctica será el Análisis Corporal.

André Lapierre presenta un nuevo libro con todos sus hallazgos y enfoques prácticos, con una nueva metodología: “Psicoanálisis y Análisis Corporal de la relación” (1997) Bilbao, Desclée de Brouwer, que no es otra cosa que la culminación de su carrera, evidentemente ya dentro de la órbita del psicoanálisis. Nuevos grupos de personas se incorporan a esta corriente científica, con otros horizontes y otros intereses, que siguen aportando su deseo de ser, de crecer personalmente, de identificarse con la verdad, en una dimensión más antropológica. En una de sus últimas intervenciones, en las IV Jornadas Franco-españolas de Psico-Somatoterapia, Madrid 1995 nos resume y sintetiza su gran aportación a la Humanidad:

Desde hace más de 25 años, utilizamos el juego como medio de acceso al psiquismo; 25 años de práctica, de observaciones, de experiencias, de investigaciones y de reflexiones, a lo largo de los cuales no hemos parado de evolucionar en nuestras concepciones y nuestras prácticas.

Una única cosa no ha sido nunca replanteada: la utilización permanente y sistemática de la actividad espontánea como manera de provocar y de analizar la relación; el juego simbólico, no verbal, en un ambiente de libertad, de creatividad de ausencia de juicio. Esa técnica se justificaba por ella misma, daba buenos resultados, ¿Pero… por qué? “El juego expresión primaria del inconsciente

En Alemany, C. García, V (Eds) (1996) El cuerpo vivenciado y analizado. Bilbao. Desclée de Brouwer.

Él mismo, en aquella ocasión, ya aportó algunas respuestas a esa pregunta, conectando lo psíquico con lo neurobiológico y que, es seguro, podremos leer en su póstumo libro: “Agresividad y violencia”. Aunque se haya ido, la puerta a nuevas investigaciones la ha dejado abierta a todos los que quieran seguir su senda, tan abierta como nuestros corazones se han quedado vacíos. Nunca te podremos olvidar.

André Lapierre, nació en Imphy, un pueblo cerca de Nevers, (France) el 25 de octubre de 1923. Nos dejó a orillas del Mediterráneo, Hyéres (France) el 6 de abril de 2008.

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